Honduras enfrenta el colapso del poder reciclado de sus élites políticas
- Ricardo I. Zapata

- hace 6 días
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Opinión. La política hondureña está entrando en una fase de desgaste que se siente más humana que ideológica. Lo que vemos no son proyectos de nación, sino luchas de supervivencia entre caudillos que se niegan a soltar el poder. El Partido Nacional, que alguna vez fue un bloque sólido, comienza a resquebrajarse en tres frentes: Hernández buscando recuperar el control total, Zambrano negociando con quien sea necesario para llegar a la presidencia, y Rosenthal moviendo fichas en el poder judicial como si fuera un tablero privado.
Del otro lado, Mel Zelaya sigue apostando a mantener cuotas de poder, incluso a costa de la esencia de LIBRE. Ese partido nació como plataforma de resistencia, pero hoy corre el riesgo de convertirse en una maquinaria vacía, atrapada en pactos y negociaciones que diluyen su identidad. La posibilidad de que se pierda la personería jurídica y se cree un nuevo partido bajo la sombra de los Zelaya no es más que un reciclaje político para seguir captando a los sectores más vulnerables, sin ofrecerles un cambio real.
Lo humano de este escenario es la decepción ciudadana: la gente ve cómo los mismos nombres se reciclan, cómo los partidos se convierten en empresas familiares y cómo la justicia se negocia como mercancía. La política hondureña se transforma, sí, pero no hacia un horizonte de esperanza, sino hacia un sistema cada vez más transaccional, donde las ideologías se desvanecen y lo único que permanece es la obsesión por el poder.
La verdadera pregunta es si la sociedad hondureña seguirá tolerando este círculo vicioso o si, desde la indignación y el cansancio, surgirá una nueva voz que rompa con la lógica de pactos y cuotas. Porque al final, lo que está en juego no es solo quién se sienta en la silla presidencial, sino la posibilidad de que Honduras encuentre un rumbo distinto al eterno reciclaje de sus élites.


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